martes, 31 de julio de 2012

                                         LA MUJER SIN SOMBRA. DIE FRAU OHNE SCHATTEN.

Había una vez en una lejana comarca, de cuño oriental, un país dividido en dos partes, uno remoto y mítico, inaccesible, un país intermedio en donde moran el emperador y su emperatríz  rico en magia y sirvientes, y el, y  país inferior, el mundo de los humanos, impregnado y hasta dirigido por la materia que proyecta sus imperfecciones e incompletitud. En cierta oportunidad, el emperador sale de cacería y se encuentra con una bella gacela a la que hiere para transformarla en una bellísima joven, a la que no tarda en desposar. Ese mismo día, un halcón rojo le dice que tiene un plazo de tres años para tener un hijo, en su defecto, el emperador se transformará en piedra. La empertríz camina de un lado a otro, mas no proyecta ninguna sombra, la copa alcanzada por su mano, parece transparente y tal vez es hasta transparente en el lecho conyugal. El tiempo transcurre en ese país intermedio entre lo mítico y el humano y se agotan los tres años. El halcón rojo se vuelve a presentar y le dicen que el plazo ha sido extendido a días más y que eso es todo. La emperatríz y su nodriza bajan al mundo de los humanos y se encuentran con un Barak, un tintorero muy trabajador que se ha casado con una bella mujer . Contrariando un poco el deseo del tintorero que desea tener un hogar con muchos hijos, la joven esposa quiere persistir en mantenerse atractiva, coqueta y entregarse a una vida rutinaria de mucho trabajo y pocas recompensas. Cuando Barak se retira, la experta en magias, la nodrica de la emperatríz le presenta un espejo mágico en donde la joven se refleja con un hermoso vestido, engalanada de joyas y con un joven que la halaga y la sirve. Es como si el espejo devolviera su deseo realizado y no al revés. Todo esa imagen puede ser suya, a cambio de su sombra. El negocio parece ser equilibrado, sombra por imagen se parecen bastante. La mujer de Barak acepta y entrega su sombra. La emperatríz y la nodriza parten. Por la ventana de la casa de Barak entran los peces que se acuestan en el sarten y entonan un triste canto que es tanto advertencia como pena, como si de los niños no nacidos se tratara su melodía, una entonación de lo perdido. La mujer se da cuenta de lo que ha entregado y se arrepiente. Luego llega Barak a la casa y la mujer ha transformado su carácter, se siente repudiado y rechazado, mas no reacciona, es como si se echara a un costado. La emperatríz no es totalmente ajena al drama humano que ha contribuído a desatar que reflejan en sus pesadillas la culpa que arrastra por una sombra que no termina de ser propia. Barak pierde su paciencia promovidas por extrañas ideas de adulterio con el joven del espejo, y pide ver a su esposa, la alumbra con una lámpara mas no proyecta sombras; su mujer admite el negocio de la sombra, que es su fertilidad y una inusual ira se desata en el marido, que acude tanto a conjuros mágicos como a su espada, está celoso, lleno de rabia, de pasión.
La emperatríz está atrapada en un doble culpa, hacia su marido, el emperador al que no le da un sucesor y hacia Barak y su mujer a los que ha separado. Se produce un cisma que agita, una inundación que padecen  a los humanos y no humanos. La Emperatríz llega a un templo y le pide una sombra a su padre que le indica que beba el agua del templo. Mientras tanto es conciente del dolor que ha causado y decide renunciar a la sombra tan prestada como contraída. De la cúpula del Templo baja una luz sublime y potente, y la Emperatríz produce una sombra, la propia basada justamente, en su renuncia y tal como la verdadera madre en la historia del rey Salomón, es en la renuncia donde se encuentra el amor verdadero, es en la renuncia donde la emperatríz encuentra su victoria, su propia fertilidad. Doble victoria, de su corazón y de su vientre.
La mujer del tintorero vuelve arrastrar tras de si, su sombra, la sombra de la mano de la Emperatríz alcanzando su copa de plata, tiene su sombra y todos cantan bajo la atenta mirada de Richard Strauss. La bendición de la fertilidad y de la prosperidad ha alcanzado a las dos mujeres y a sus esposos.

lunes, 30 de julio de 2012

domingo, 29 de julio de 2012

                               EL TEMA DEL DOBLE. OTTO RANK. 


En nuestras cortas e imperfectas investigaciones sobre la vida del héroe, sobre todo el héroe mitológico, encontramos que ciertas acciones de este benefactor al que llamos héroe, desarrolla conductas y genera acontecimientos que justamente estarían reñidos por sus crueldades, muy léjos de merecer el título de heroicas. Sin agotar la lista, podemos por el momento reducir esas actitudes antiheroicas en cuatro items. La primera y tal vez una de las más antiguas y desarrolladas, es la locura temporaria, los griegos la llamaron Até, una diosa menor con pies alados que se posaba sobre la cabeza del infortunado elegido y lo exponía actos inconscientes que una vez alejada la até de la cabeza del héroe, no reconocía como propias. Así Hércules doblegado por la venganza de la diosa Hera, poseído por la até mata a su esposa y dos hijos y  y sobrinos, volviendo sobre su conciencia pregunta: ¿ quién hizo esto?. Es un tipo de bloqueo de la conciencia, un acto violento que lo siente como ajeno. 
El segundo caso es el mensaje mal entendido. Así Edipo bien podría haber dicho, Sófocles es muy sabio para destacar lo obvio, intenté evitar la tragedia anunciada por el oráculo y corrí léjos de mi padre y fui a dar con mi padre en un penoso desfiladero. Ignoraba entonces una parte de su historia que en los mitos aparece como el mensaje secreto o cifrado.
La borrachera es una suerte también de locura temporaria en que héroe queda bloqueado en su entendimiento. De esta manera, totalmente borracho y lleno de ira, Alejandro Magno traspasa con su lanza a Clito, comandante amigo que le había salvado la vida en un combate. 
Y por último, nos viene al encuentro el tema del doble ante el cual el héroe no deja de pasarse a las circunstancias atenuantes y dice: no fui yo el que lo hizo, sino alguien muy parecido a mi. 
El tema del doble no es una novedad romántica, ya los griegos lo expusieron en el mito de Narciso, que da orígen a lo que Freud llama el narcisismo, un excesivo amor por si mismo. Pero los románticos se destacaron en su literatura por exaltar este tema. El tema del doble permite al héroe transferir sus culpas a otra persona, liberándose de su responabilidad incriminatoria.
En este caso acudiremos a la película El Estudiante de Praga que fue llevado al cine por Hanns Heinz Ewer, cuyo argumento se destaca en la documentación que se pone  continuación: 





 http://youtu.be/ymbEVegJd0Mhttp://www.youtube.com/watch?v=ymbEVegJd0M
 APUNTES SOBRE JOSEPH MALLORD WILLIAM TURNER





Ut pictura poesis". Un cuadro debe ser poesía visible.

Un pintor romántico cree tener una única misión en su vida: despertar y mantener  la pasión a través del color y la forma y si es músico, a través de las vibraciones; apuesta al desborde, a la pasión y en esto se diferencia de otros estilos que también han recurrido, recorrido y experimentado las formas y los colores desde las primeras manos pintadas en una caverna tantos siglos antes de nuestra persecución de la belleza. Como los viejos ancentros los románticos encuentran estas pasiones y profundos misterios en la Naturaleza a la que se dedican a servir en tan breves y delicadas vidas. En la Naturaleza buscaron ese gran acontecimiento que son sus fuerzas desatadas ante las cuales el hombre enfrenta y acepta ser una frágil criatura agitado y azotado por tormentas, vientos fortísimos, mares tempestuosos, avalanchas que todo lo cubren y aun así, detrás del horizonte, los viejos cielos dorados y tintos.
Turner es un maestro del naturalismo, un hijo pródigo y prolífico de este ideal de una naturaleza que se impone dramáticamente al hombre. Su pesimismo indiferenciado se ve modificado por sus tardes doradas y acaso hasta plácidas que mitagan el fin de un notable barco que va a desarmadero. Todo autor romántico tiene este compromiso: expresar el drama de la vida y todo esto, inventando en cada ocasión sus propias reglas. Así es Turner, un pequeño artista que a los quince años es aceptado en Royal Academy of Art. Allí hay una progresión de colores en tomates, apios y coles en sus inicios, luego una progreso hacia la arquitectura  en la Catedral de  Salisbury; los apacibles lagos también son recurridos en Butter Mere, las pestes en una frágil ciudad de Egipto, la tierra con su Helada Mañana y las montañas de Liber Studiorum y por fin, el mar, ese viejo continente que bien puede ser llamado Padre o Madre, algunos vacilamos sobre su género, pero queda bien también impornerle la imagen de un dragón cuando despierta toda su potencia, toda su furia.
El mar de Turner en un principio es negro, como lo es tal vez empujado por la locura de madre, a considerar que suerte de la humanidad es dramática definitivamente aunque distinguiendo excepciones, ciertamente, pocas. Turner nos quiere indicar que asistir a un naufragio es algo tremendo que nos demanda un sentido heroico para soportarlo y aun como espectador, no saldrás indemne de este espectáculo de ver hombres diminutos como semillas que la tormenta expande hacia la muerte. Más tarde, ante la calma del mar, verás los cuerpos frágiles a la deriva, pero eso es otro cuadro que por momento no interesa a Turner. Los viejos autores se preguntarán entonces: ¿ dónde está la belleza aquí?. Es con este cuadro, Naufragio cuando entramos plenamente en el romanticismo de Turner, que rompe con la idea del clasicismo cartesiano que todo tiene que ser " claro y distinto". Aquí reina la anarquía, organizando un desorden y siguiendo la regla de que no hay reglas, lo que no deja ser a su vez, otra regla.
Y luego de las tormentas del mar, la tormenta en la montaña, como el Alud en Grisons. En cierta oportunidad, Turner se encontró en Yorkshire, no en los Alpes, con una tormenta de nieve que se desataba ante su vista y las de sus acompañantes, el Sr. Fawkes y su hijo Hawkey, al que le dijo mientras anotaba en un papel todo el dramático acontecimiento:" mira Hawkey, dentro de dos años verás esto de nuevo y lo llamarás "Anibal atravesando los Alpes", algo así como Borges en una Babilonia llamada Buenos Aires, ¿ verdad?. Turner escribió sobre su cuadro una poesía: " El Jefe seguía avanzando, miró al sol con esperanza; bajo, ancho y pálido. Mientras el fiero arquero del año anterior, desencadenaba tormentas sobre la blanca barrera de Italia". El Jefe, el general era Aníbal, pero también Napoleón, su contemporáneo.
En 1819, Turner llega a Italia, un país que garantiza que un limón tiene el verdadero color de un limón, limón mediterráneo, todos sus soles y todas sus lunas que aportan fragancia. Es el paraíso de los románticos. Y hay varios cambios en Turner. Uno es la organización de sus movimientos, la distribución de sus formas, aunque le más importante es el de los colores con el que recordamos un cuadro suyo sin mirarlo. En Francia, Gericoult y Delacroix organizaban sus acciones dentro de una pirámide, el primer Turner, digamos todavía no itálico, lo hizo a través de un rombo como en el Naufragio, una vez en Italia todas sus accciones se ven envueltas en una elipse, un moviemiento algo circular y giratorio. Al girar las figuras se deshilachan, pierden sus formas con este ritmo, y nos vamos adentrando en esas inseguras figuras de carácter heraclitanas, en esos grados de inestabilidad en que vamos pasando de un color a otro en el atardecer, vamos entrando al mundo del sueño, porque estamos ya al borde el impresionismo en donde lo determinante no es la forma sino la atmósfera que contiene a la forma. No hay dudas que el impresionismo tiene esta forma y esta magia, dejar al alma suelta y no fija a una figura. " No hay melodías, sino sonidos" decía Debussy. La vida está dominada por estas tenues metamorfosis que consiste en ser algo para dejar de serlo como nos explicó tempranamente Heráclito, el Oscuro.
El buque El Temerario es un gran Turner que vive ya en su mundo de sueños, la madurez de su arte. Se trata de un viejo buque, tal vez heroico buque que va a morir a un impío y ruidoso desarmadero. Un remolcador sin gloria mancha de negro sus últimos momentos que tratándose de Turner, no pueden dejar de ser cielo y atmósfera. Y en estos momentos dramáticos, hay un Turner que alaba el terror, sino una muerte apacible, propio de un romántico y hasta podríamos decir, que se trata de un fin sentimental.
Dejemos para el final que Turner ponga sus propias palabras para su propia obra, algo así como dejar que desde sus elipses bostezando, desde sus peregrinas ondulaciones y del cambio de sus matices, exprese su ánimo y su arte: " Toda contemplación de la Naturaleza supone un refinamiento en arte".
Con Turner nos llega el momento de cambiar de planes, cambiar de parecer: el color supera a la forma y algo más, el color puede liberarse y separase de la forma. El color no sólo es determinante, sino que es hasta autónomo.