En una oportunidad una estudiante comenzó al defensa de su monografía
sobre los aludidos en el título, diciendo: " ay, profesor, es una
historia muy triste, al final se mueren los dos...". Yo sólo atiné a
decirle, " pero la historia no ha terminado, a más de mil años, todavía
seguirmos hablando de ellos, como todos los mortales, fueron felices de a
rato, en sus momentos, pero luego se hicieron inmortales, famosos...".
Hoy
encontré un mejor argumento en uno de los maestros que contaron esta
historia ( lógicamente pequeñas vanidades hacen que digan que cada uno
de estos maestros, -Berúl, Thomas de Inglaterra, Eilhart von Oberg y
Gottfried von Strassburg del que extraigo estas citas- se sientan
inclinados a decir que la propia es la mejor.
Tristán e Isolda de Gottfried von Strassburg:
"
Inclinación y dolor fueron de siempre inseparables en el amor. A través
de los dos hay que adquirir honra y fama o sucumbir sin conseguirlo. Si
aquéllos, de quienes trata esta historia de amor, no hubieran llegado a
padecer por su inclinación al dolor, por su férvida dicha aflicción,
añorantes en sus corazones, entonces sus nombres y su historia no
hubieran despertado la alegría y la dicha en tantos corazones nobles.
Todavía hoy seguimos escuchando una y otra vez, con agrado cómo, se
habla de su lealtad inconmovible, en sus inclinaciones mutuas, de su
dolor, de su dicha, de su aflicción. Aunque haga mucho tiempo que están
muertos, sus bellos nombres, siguen vivos.... Su vida y su muerte son
nuestro pan. Así vive su vida, así vive su muerte. Asi siguen viviendo,
aunque hayan muerto. Su muerte es pan para los vivos. Quien reclame que
se le cuente acerca de su vida, de su muerte, de su dicha y de su dolor,
que abra el corazón y los oídos. Encontrará todo cuanto pide". Gotfried
von Strassburg.
Tal vez esta historia como tantas
otras de importancia adquieran la apariencia profunda del misticismo,
como nuestras fiestas sagradas, se reactualizan. Es algo más que memoria
o tal vez se trate de la forma de memoria más potente a la que tengamos
acceso, cayendo nosotros, los oyentes y asistentes en un estado de
crepuscular niñez, cada vez que las leemos y cada vez que la escuchamos,
vuelven a suceder. Es mucho más que recordar, está en el orden
inmarcado y ligeramente impalpable de que todo vuelve a suceder. Hoy podemos usar la palabra virtual.
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