lunes, 27 de agosto de 2012
EL PENSAMIENTO PRIMITIVO 4. LA ATMÓSFERA, SU INTIMIDAD
Escribe Domingo Faustino Sarmiento sobre el Tigre de los Llanos, el general don Facundo Quiroga que estando en campaña alguien de la tropa había sustraído un elemento, sin especificar sus características. El general de abundantes patillas e ingenio, mandó a reunir a su tropa, hizo cortar palitos de un árbol del mismo largo y a cada uno de sus soldados le fue dando esta breve talla de madera. Luego sentenció que el ladrón a la mañana siguiente tendría el palito más crecido. Por la mañana volvió a reunir a su tropa y pidió la devolución de los mismo. Había uno más corto que todos los demás, ese era el ladrón que se había tomado el trabajo de acortarlo para no delatarse y justamente, lo que lo delató fue el detalle de haber sido cortado. Esto es pensamiento primitivo, esta leal y profunda creencia que el mundo y la existencia es totalmente animada, que no hay neutralidad en los entes y en la naturaleza, que todas las cosas toman partido a favor o en contra de los hombres. ¡ Qué horror!. ¡ Qué inseguridad absoluta!. ¡ Qué imposibilidad de descanso y de reposo!.
Nuestra estructura psíquica en esta clase de sociedades multitudinarias, clasistas apoyadas por un exhuberante desarrollo tecnológico, dentro de una naturleza desacralizada que bien podríamos llamar simplemente paisaje, una naturelza ociosa y compelida al servicio productora y conservadora de nutrientes, es fácil ser seguro, mucho más que fácil, es lo recomendado, lo exigido. Pero hay otros lugares y otras sociedades donde cada paso puede ser el último por alguna falta, por algún pecado y cualquier ente puede venir en nombre del castigo, de la venganza. Todo el entorno puede en un momento convertirse en un abrupto vivero de las señales y presagios, acaso, esperados. Todos los argumentos en que nosotros podemos encontrar cierta seguridad allí se desvanecen: " pienso y luego no se si existo". Y la sentencia de Heráclito se hace potente: lo que es deja de ser para ser otra cosa que no será. No hay límites y aquello que lo podemos considerar, una puerta por ejemplo, da a otra y otra y otra, como un espejo opaco. Las dos monedas de una misma cara, si existe no hay evidencia y sino existe, hay evidencias; lo visible se repliega en lo invisible y viceversa. Todo fluye sin ser río. Y aun falta una paradoja más: cuando la tarde afloja o la mañana despunta y no hay noticias de este memorable caos alucinante en que viven los "primitivos" no llega, se lo fuerza a llegar con danzas, hongos alucinógenos, heridas de sangre profunda y sacrificios primordiales que recuerdan el primer indicio de la existencia, la primera jornada. Se cree haber triunfado sobre la temporalidad. Uno concluye, aquí no hay neutralidad, todo tiene otra intención. Por eso es repite Herman Melville, " todo objeto visible es una máscara". Toda sabiduría es demasiado pasajera como para que sea seria.
Por supuesto, que todas estas visiones son una gran exageración y el mismo Levy Bruhl debe comprender que se ha hecho una caricatura del hombre primtivo, no obstante, se le parece sin ánimo de ofender a alguien.
Y por fin la última paradoja: puede haber pensamiento primitivo sin que haya hombres primitivos, porque todo hombre actual es sapiens sapiens a pesar del color de su piel y de sus ojos y de sus oficios y de su manera de llegar a la vida. En los niños, en los locos, otras veces en los enamorados y otras tantas en los psicópatas, perdura eso que se llamó pensamiento primitivo. El ciudadano Chikatilo, el mayor criminal serial de la Unión Soviética arrancaba los ojos de sus víctimas para que en ella no quedara aprisonada la imagen del asesino, un pensamiento primitivo en la modernidad mientras que su antítesis, gente que no se reflejan en los espejos porque ha vendido su alma como en el caso del Estudiante de Praga, el trágico Balduino. Leo Frobenius quería escribir en una oportunidad, su hija lo perturbaba con su aburrimiento, entonces el escritor le entregó tres fósforos para que jugara. Pocos instantes después la niña gritaba de susto, uno de esos fósforos era una bruja.
Por más desacreditado que esté el concepto del pensamiento primitivo de Levy Bruhl, se parece bastante al frágil instante en que lo que es no es y lo que no fue comienza a ser. Desde algún rincón del alma, hay un lugar adecuado para el Heráclito el Oscuro que empalicede al certero Parménides. Creo que la polémica continúa, porque creemos que ambos argumentos son válidos, al fin de cuenta, esa realidad de dura piedra que las aguas no debilitan, decimos, esa realidad es una construcción de creencias que cada cultura adopta como propia. Pero no todo es tan claro y distinto como pretende Descartees: " si no hubiera oscuridad, no habría monstruos" escribió Mary Shelley.
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